¿Vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?


“El que no trabaje, que no coma”. (frase bíblica)

Trabajar desde casa es el trabajo ideal para mí, el que siempre quise tener. (foto por Johan Larsson, Flirckr, Creative Commons)

Trabajar desde casa es el trabajo ideal para mí, el que siempre quise tener. (foto por Johan Larsson, Flirckr, Creative Commons)

Leía yo el otro día un artículo que me gustó mucho sobre trabajar en lo que realmente nos gusta y apasiona, versus trabajar en algo que no nos llena o hace felices. Debo reconocer que hoy día trabajar en lo que nos gusta es un lujo verdadero, debido a la falta de empleos, presiones en los trabajos y necesidades económicas; así también por la falta de motivación de algunos o espíritu emprendedor de otros.

“El que no trabaje, que no coma”, dice una frase bíblica. Así pues, el trabajo dignifica y nos saca del ocio. ¿Pero después de todo, por qué no podemos trabajar en lo que nos gusta o interesa? ¿O en su defecto, por qué no le ponemos interés a nuestro trabajo, sea cual sea –partiendo de la premisa que es uno honrado-? Debemos recordar que le dedicamos una gran parte de nuestro tiempo de vida al trabajo, por lo que merece la pena –al menos- destinarle un poco de nuestro esfuerzo y una pizca –tan siquiera- de alegría. No nos gastemos en la amargura.

Haciendo alusión a una frase de mi amiga bloguera, Anita, yo soy una mamita obrera. Trabajo desde casa y ejerzo varios roles: mamá, esposa, educadora, ama de casa y profesional. No hay un segundo que mal utilice (digo, eso creo), ya que tengo la agenda bien apretada y cargada. Lo bueno de todo es que es divertido para mí. No me aburro para nada. Eso sí, a veces me abrumo, me cargo, me desespero; pero pienso lo afortunada y bendecida que soy, y se me pasa. Y es que he logrado trabajar en lo que me apasiona y hace feliz. Debo confesar que esto no llegó de la noche a la mañana. Lo anhelé, lo declaré, lo trabajé y lo logré. No me he hecho rica. Al contrario, los pesitos que llegan los sudo mucho, bastante, pero qué dichosa me siento por poder trabajar en mi propia casa, con mis hijos, sin presiones de jefes, sin tener que ponchar, sin meterme en tapones mañaneros, sin madrugar (bueno, en teoría). Este trabajo para mí, es el ideal, el que siempre quise tener.

Lo bueno de haber sido empleada por muchos años y haber sido despedida también, es que llegué a apreciar el trabajo y a definir qué realmente quería en mi vida y siempre quise. Creo que está en uno, no en los demás. No es que ahora todos trabajarán desde sus casas y serán emprendedores, empresarios o agentes libres (freelancers), como yo, no, pero si liberamos nuestro espíritu creativo, nos daremos cuenta de cuántas cosas podíamos hacer antes y que no las habíamos hecho por sentirnos encadenados al yugo de otros.

¡Seamos libres y amemos nuestros trabajos!

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