Y la pregunta de los 64 mil chavitos es…

foto por Serge Bertasius Photography de Freedigitalphotos. net
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Leí un artículo en el blog De Mujer-es, escrito por María Parés Ramírez, en el que explica por qué no tendrá más hijos (o particularmente una niña). Su artículo es una respuesta a las constantes interrogantes de sus allegados sobre cuándo tendrá la niña, ya que actualmente tiene dos niños. Este artículo me hizo recordar la pregunta de los 64 mil chavitos que las personas siempre me han hecho a mí y a muchas otras personas.

La primera pregunta que me hicieron en algún momento fue que cuándo iba a tener novio. Como si con una varita mágica uno pudiera aparecerlo y desaparecerlo según nos viniera en gana. No, no es así de simple. Luego cuando ya tienes el novio te preguntan que cuándo se van a casar. ¡Pero bendito! ¿Cuál es la prisa? Dejen que se conozcan bien y luego entonces lo deciden si quieren o no. Ya casados: ¿Mija, y cuándo van a tener un bebé? ¿Oye, pero qué es lo que pasa? ¿Cuál es el acoso? Pues eso es decisión de cada pareja. ¡Y si sencillamente no quieren tener hijos! ¡Válgame! Cuando ya por fin la pareja tuvo su primer hijo, la siguiente pregunta de rigor es: ¿Y cuándo tendrán la parejita? ¡No puede ser! ¡Parejita! ¡Ni que se fueran a casar! ¡Qué pregunta más inoportuna! Entonces cuando ya tuviste el segundo, ahí es que te dicen: ¡Mira, me imagino que te operaste, ¿verdad?! No, no, no, pero ¿¡qué es lo que pasa!? ¿Es que hay un protocolo? ¿Hay un orden establecido por “default”? En mi caso, como tuve gemelas, y ya tenía al nene, pues esa pregunta, la última, me la hicieron muchas veces, más de las que hubiera deseado. A todo el mundo le respondía un escueto no. La mayoría de las personas se asombraban. Pero y, ¿cuál es el problema? No entiendo.

A mí me hicieron casi todas estas preguntas y bueno, las respondía como mejor entendía en ese momento, de una manera cordial, sin embargo, por mi mente no dejaron de pasar respuestas un poco más rudas o antipáticas, pero no las decía por respeto.

Yo creo que todos tenemos un periodista interno que desea saber la vida y milagros de las personas, pero es importante saber medir hasta dónde llega nuestra curiosidad. Simplemente hay personas que no desean ser investigados sobre su vida privada y entienden que tienen el derecho de tomar sus propias decisiones. En ocasiones no es simplemente la pregunta que se realiza, pues uno sencillamente puede decidir contestarla o no, a veces es que luego comienzan a juzgar, a interpretar o a “aconsejar” sobre lo que piensan mejor o peor para uno.

Cada quien debe tomar sus propias decisiones de acuerdo a sus convicciones, creencias y capacidades, y no debemos juzgar ni meternos en la vida de nadie. ¡Y la pregunta de los 64 mil chavitos es…! ¿Te han hecho esas clases de preguntas a ti? Te invito a compartir tus experiencias, claro si no te molesta ;).

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