Necesario humanizar el trato del bebé prematuro en el hospital

Aquí estamos posando todos juntos en la unidad de cuidados especiales del hospital. Este fue el único día que mi niño pudo ver a sus hermanitas, porque el director del lugar lo permitió. Fue un momento de mucha emoción y alegría.
Aquí estamos posando todos juntos en la unidad de cuidados especiales del hospital. Este fue el único día que mi niño pudo ver a sus hermanitas, porque el director del lugar lo permitió. Fue un momento de mucha emoción y alegría.

Mis bebés, que ya tienen diez meses, nacieron de manera prematura, a las 32 semanas y seis días. Si bien había escuchado hablar sobre los riesgos de los partos prematuros, las vivencias personales son las que realmente marcan. Un bebé prematuro es el que nace antes de la semana 37 de gestación. Antes de ese tiempo muchos de sus órganos están aún desarrollándose, como el cerebro, los pulmones, el corazón, entre otros. Son unos bebés muy delicados y mientras se encuentran en las unidades de cuidados especiales, conocidas como NICU, son tratados con equipos especializados y monitoreados las 24 horas por personal médico y enfermeras.

Hasta ahí todo puede ir más o menos bien. Sin embargo, detrás de esa atención y cuidados se esconde un asunto muy incómodo y triste para los padres de esos bebés prematuros. Y es que en la mayoría de los hospitales de Puerto Rico, y me atrevo a decir que en todos, se les restringen las visitas y contacto a los bebés con sus padres, a unas simples horas al día. El bebé acaba de nacer, todavía piensa que está en el vientre de su madre, y el acceso que pueden tener sus padres es tan poco, que resulta inhumano. Por mi parte, no lo puedo entender. Mientras escribo estas líneas y recuerdo el tiempo que ambas estuvieron hospitalizadas, no puedo evitar el que se me agüen los ojos. Estoy segura que a todas las madres y padres que han tenido bebés prematuros les debe suceder lo mismo.

Donde nacieron mis hijas y estuvieron hospitalizadas, entre 15 a 32 días, las visitas se restringían a media hora dos veces al día. ¿Se podrán imaginar? ¡Yo solo podía ver a mis bebés por media hora, dos veces al día! En mi caso, al ser dos bebés, era más complicado aún, suponía dividir esa media hora en dos, para poder atender a las dos por igual. No obstante, hubo momentos en que tuve que estar con una niña en la primera visita y con la otra en la segunda pues si las tenía que lactar me tomaba tiempo. En las únicas ocasiones que podía estar más tiempo era cuando las tenía que alimentar, pero al finalizar ese periodo debía devolverlas a la unidad de cuidados.

Otro punto importante es que no permitían a sus hermanitos visitarlas, por lo tanto mi esposo casi siempre se quedaba abajo esperándome y sacrificando el poderlas ver, pues él prefería que fuera yo a verlas por la lactancia. Hubo momentos en que al finalizar la visita yo le tenía que solicitar a las enfermeras si podían autorizar a mi esposo a entrar aunque fuera unos cinco minutos finalizado el horario de la visita para que las pudiera ver. Eso suponía también explicarle detalladamente al guardia de seguridad en la entrada del hospital. Hubo momentos que al terminar la visita me iba muy triste y hasta llorando, ya que me entristecía mucho dejar a mis niñas allí “solas”. Digo solas entre comillas pues en realidad no estaban solas, pero no tenían el cuidado y amor de sus padres.

Mis bebés en el área de cuidados especiales del hospital.
Mis bebés en el área de cuidados especiales del hospital.

De otra parte, tengo que mencionar que en ocasiones el personal médico y enfermeras llegan a trabajar de manera automática y demasiado fríos. En ocasiones tomaban a mis niñas de una forma poco delicada (por lo acostumbrados que están). Hasta en una ocasión una de las enfermeras le dio sin querer a una de mis niñas con la incubadora. Mi niña lloró y yo casi también. Fue bien frustrante. La enfermera no sabía para dónde mirar ni qué decir.

Otra molestia que tuvimos cuando las visitábamos era que no todo el tiempo nos permitían cogerlas. Sí, así como lo lee. A mis propias bebés yo no las podía agarrar en mis brazos si quería. Eso sucedía cuando tenían muchos cables puestos. Sin embargo, hubo momentos en que algunas enfermeras nos daban permiso y otras no. Es que no se ponían de acuerdo.

Cuando la primera niña fue dada de alta y la segunda continuaba en el hospital, el proceso se complicó un poco más pues me costaba dejar en casa a la primera niña, pero mi corazón aún continuaba con la otra en el hospital. Entonces hubo momentos durante las visitas que por diversas razones llegaba un poco tarde. En una de esas ocasiones una de las enfermeras, a sabiendas que había llegado tarde, me despachó cuando finalizó el turno. Yo lo cogí con calma, no me apresuré y salí relajada, sin ajorarme mucho. Luego, cuando salgo para afuera a quitarme la bata, me quedé unos minutos mirándome al espejo, pero en modo de reflexión, y escucho a esa misma enfermera hablar mal de mí. De más está decir que no paré de llorar. Fue bien difícil. Decidí no virar a quejarme pues mi hija seguía ahí adentro y no quería que recibiera un mal trato en represalia. Hay gente mala en este mundo, sí.

Si bien tuvimos estas experiencias, puedo mencionar que hubo momentos muy hermosos. Por ejemplo, cuando el director del NICU permitió a mi hijo mayor subir a conocer a sus hermanitas. Fue un momento bien emotivo. Fue el único momento que él las pudo ver. Otro momento muy especial fue cuando una de las doctoras nos envió por mensaje de texto una foto de las niñas abrazándose. Es de las pocas fotos que tengo mientras estuvieron allí, ya que tampoco nos dejaban tomar fotos. De hecho, llegué a tomar otras clandestinamente, sin que me vieran.

Quiero mencionar la experiencia de dos personas muy queridas, una es mi prima Zulma Berríos y otra es una amiga, Zuleima Solla. Ambas tuvieron embarazos gemelares como yo. Los bebés de mi prima, Marcos y Mateo, nacieron a la semana 30. Uno de ellos es un ángel del cielo, Mateo, y Marcos ya tiene tres años. Los bebés de Zuleima, Benito y Olmo, nacieron en noviembre, a la semana 34, en el estado de Florida y ya están en casa con sus papás. A continuación presento de manera directa lo que Zulma y Zuleima expresaron a Aprendemos en familia acerca de este tema:

Zulma: “Mucho se habla de la deshumanización del parto, pero hoy quiero hablar de otro tipo de deshumanización que ocurre cuando se tiene un hijo prematuro y/o con condiciones de salud y está en NICU. Tu hijo nace y te limitan a verlo a una hora diaria y en el mejor de los casos cuatro horas. Mi hijo pasó 42 días en NICU y esos 42 días lo vi por 168 horas que equivalen a siete días. ¿Cómo puede ser esto saludable? En otros países, por ejemplo, Estados Unidos, permiten a los padres estar 24 horas al día con su bebé, siempre y cuando no exista alguna situación que lo impida. Incluso, involucran a los padres en el cuidado, lo que facilita la labor de las enfermeras y no ven a los padres como un estorbo como muchas veces pasa aquí. Ya es hora de que esto ocurra en Puerto Rico, pero lamentablemente son pocos los hospitales que estarían dispuestos a invertir en la preparación de las salas de NICU. No todos los padres son padres de bebés prematuros o con complicaciones, pero créanme, cuando lo eres es una experiencia que recordarás para siempre”.

Zuleima: “Tuve una cesárea de emergencia el día 22 de noviembre del pasado año, a las 34 semanas de gestación. En general no me quejo de nuestra experiencia. Una vez los nenes nacieron, Robert tuvo la oportunidad de ver a los bebés en el NICU. Él me cuenta que los estabilizaron rápido y que personal que estaba trabajando con los nenes rápido le ofrecieron información sobre el estado y plan de trabajo a seguir. Yo pude ver a mis bebés 32 horas más tarde. Desde el instante en que los visité me hablaron de la importancia de la técnica del canguro. Luego de verlos y escuchar sobre el estado de mis bebés establecí ese primer contacto con Olmo. Pude sostener a Benito al día siguente. Los bebés tenían su propia habitación en la cual nos podíamos quedar con ellos. Acá tienes acceso a los bebés 24/7, de no poder ir puedes llamar a la enfermera para saber de tu bebé. A las enfermeras las recuerdo atentas, amorosas con los nenes. Dispuestas a ayudarte y aclarar dudas. Siempre buscando a que mamá, papá y otros miembros de la familia participen y se involucren en el cuidado de los niños. El tener a tu bebé en el NICU no es una noticia agradable y mucho menos situación fácil de trabajar y canalizar, pero al estar acá y pasar por esta experiencia en Estados Unidos creo que nos facilitó el proceso de aprendizaje (para saber cómo trabajar con un bebé prematuro) y ayudó en el proceso de sanación/maduración y aprendizaje de mis bebés. Porque tenían a mamá y a papá trabajando con ellos todo el tiempo”.

Las experiencias de Zulma y la mía fueron muy distintas a la de Zuleima. Ella cuenta que sus bebés tuvieron su propia habitación y que papá y mamá podían visitarlos las 24 horas. ¡Fantástico! Queremos que en Puerto Rico esto también sea así. De esta forma, estos niños prematuros podrán desarrollarse mucho mejor al tener el calorcito y amor de sus padres todo el tiempo. Así la estancia de los bebés prematuros en el hospital transcurriría de una manera más humanizada. Luchemos por la humanización y derechos de los bebés prematuros y sus padres, en el hospital.

¿Tuviste un bebé prematuro? ¿Cómo fue tu experiencia? Comenta aquí.

Agradezco a Zulma Berríos y a Zuleima Solla sus aportaciones a este artículo. Presenté sus expresiones de manera textual para que a través de sus propias palabras se pudieran transmitir sus emociones. 

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